Quisiera dominar nubes, estrellas
y la infinitud del firmamento;
quisiera mi persona hacerlo, de
veras,
porque así y sólo así demostrarte
podría
que con mis versos yo no te
miento.
Versos para que no olvides,
versos para que yo también
recuerde,
para que tu mente se una a la de
este,
para que (todavía más) me tengas presente.
Son ellos los que, enrevesando
palabras, ayudan,
aquellos que tu tacto a mi ser devuelven,
aunque se queden en amagos ante
la comparación,
pero por ello no es que no lo
intenten.
El don de la escritura quisiera
también yo dominar como se desea;
impotencia pues es la más gloriosa obra
cuando veo que ni ella como debiera
tu belleza valora.
Excesiva importancia, no
obstante,
no dejes arrojar sobre ellos,
pues nada son frente a lo
reflejado,
a lo que dentro del alma,
no espera más que ser acariciado:
a base de besos y, en su ausencia,
por versos (¿mal?) cuidados.