domingo, 31 de marzo de 2013

Baby, now you do.

No puedo evitar darle vueltas y más vueltas a la magia que Elizabeth Grant es capaz de desprender desde la última vez, tal y como suele pasar, que escuché "Video Games" para que siga reverberando tanto en mi interior. Ese "now you do" antes vacío que ahora me pellizca por dentro, me llena el alma y me hace consciente de que si un día la vida no valía la pena porque "sólo es así si alguien te ama", hoy en cambio sí que lo hace. Sólo porque el siempre suspirado "now you do" ahora ya toma sentido. Ahora es una realidad, un sueño que sentir con los ojos abiertos. Uno del que no despertar.

"It's you, it's you, it's all for you, everything I do.
I tell you all the time
Heaven is a place on earth with you.
Tell me all the things you wanna do.
I heard that you like the bad girls, honey, is that true?
It's better than I ever even knew.
They say that the world was built for two.
Only life worth living if somebody is loving you and,
baby, now you do."

viernes, 29 de marzo de 2013

Yo no quiero más luz...

"Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío:
claridad absoluta, transparencia redonda.
Limpidez cuya extraña, como el fondo del río,
con el tiempo se afirma, con la sangre se ahonda..

¿Qué lucientes materias duraderas te han hecho,
corazón de alborada, carnación matutina?
Yo no quiero más día que el que exhala tu pecho.
Tu sangre es la mañana que jamás se termina.

No hay más luz que tu cuerpo, no hay más sol: todo ocaso.
Yo no veo las cosas a otra luz que tu frente.
La otra luz es fantasma, nada más, de tu paso.
Tu insondable mirada nunca gira al poniente.

Claridad sin posible declinar. Suma esencia
del fulgor que ni cede ni abandona la cumbre.
Juventud. Limpidez. Claridad. Transparencia
acercando los astros más lejanos de lumbre.

Claro cuerpo moreno de calor fecundante.
Hierba negra el origen; hierba negra las sienes.
Trago negro los ojos, la mirada distante.
Día azul. Noche clara. Sombra clara que vienes.

Yo no quiero más luz que tu sombra dorada
donde brotan anillos de una hierba sombría.
En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada,
para siempre es de noche: para siempre es de día."



He aquí el homenaje desde mi pequeño rinconcito a un hombre que no nos regaló más que belleza en vida y que hace justo 71 años murió injustamente. Gracias, Miguel Hernández.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Horas.

Quizá no debiera escuchar cómo la musa susurra justo detrás de mi oído y me recuerda lo cercano que está el volver a saber a qué saben tus besos. Me pongo a pensar y sólo consigo ansiar más el paso de las horas hasta que los kilómetros vuelvan a romperse. Volver a besarte, abrazarte, volver a saber lo que conlleva el amar. Lo que presiona dentro del pecho ese flujo de emociones que corre cuando mi cuerpo te siente cerca, cuando estás cerca, cuando dos cuerpos pasan a ser uno. Tanta emoción bonita y tan poca palabra para expresarla. Quizá algo injusto, ¿no? Mientras tanto, intentaré evadir mi mente y no mirar más el reloj viendo como su tictac te acerca cada vez más a mí. Cada vez más.

sábado, 9 de marzo de 2013

Como un soplo.

"Sentir que es un soplo la vida."

Una y otra vez resonaba permanente el eco de una Estrella Morente que le llora a la vida, a su brevedad, a su belleza. Constante venía y volvía la idea de que este escenario desde el que todos tratamos de obtener nuestro mejor papel puede hacer por bajar su telón de un momento a otro. No en vano en el interior un pellizco se cogía llamándote a la reflexión, al pensamiento. Que no es más la vida que un suspiro del que hay que arrebatar la mayor cantidad de aire posible. Uno que debe ser extenso, anhelado, disfrutado. Que no es más esto que el disfrute de un día a día que se nos regala. A nosotros, sí: una panda de afortunados que no sabemos en multitud de ocasiones apreciar el desperdicio que supone dejar pasar el tiempo. Ese tiempo que, omnipotente, a todos bajo su esclavitud nos sitúa, y nos obliga a sacar jugo del más mínimo momento. No podemos permitirnos hacer de este dilatado suspiro un gozo menor del que nos es posible. Y no seré yo quien, al menos, no intente en su plenitud aprovecharlo.

viernes, 8 de marzo de 2013

Mapas.


Sólo sígueme cediendo como hasta el momento aquello que en esta pequeña porción de vida has sabido darme. He estado perdido, sin rumbo, sin un reconocible ser al que dirigir dentro de mí, sin alma que se prestase a levantar la que mía caída sobre el frío suelo sollozaba. Sin embargo, tú te dignaste a recoger a este caído de la nada, por nada y destinado a la nada. Me ofreciste la calidez de tu mano, sin lucro la compartiste conmigo, y sólo de este modo, mi interior como una resurrección sintió. Presenció una secuencia fílmica que ya desearía poder plasmar el mejor director cinematográfico para sí. Una sensación tan horriblemente maravillosa que muchos sintetizan en el vocablo ‘amor’ de la que yo no puedo hacer más que desear mantenerla. Nada más que hacer que un poco del carbono que posee el fuego y que consigue hacer arder en mi interior se prolongue en el tiempo. Que mi persona no extravíe nunca el mapa que me prestaste un no lejano diciembre y por el cual hoy el mundo, y yo en él, podemos girar en un sentido coherente. Que lo mantenga conmigo, como oro en paño conservado, tal y como la más valiosa joya apreciado, estando tú y sólo tú a mi lado, por siempre. Y así, sólo así, de frente seguir caminando.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Vacío.


Porque así, comprobé la existencia del vacío justo cuando me vi obligado a apartarme de tus besos, de tu cuerpo, de tu calor. Un vacío que desde los ojos de un cuerpo físico que me has llenado a rebosar de amor observo. Vacío del que con el recuerdo de tu tacto me río, pero vacío frío, vacío que provoca hastío.

Vacío que sin ti se palpa,
vacío que fluye como magma.
Vacío que contigo se mata,
vacío que a tu lado es nada.

martes, 5 de marzo de 2013

474 km.


Hoy vuelvo a saborear la amargura de los kilómetros que separan esta fuerza que nos rompe el pecho. Siempre desde este 13 inverso procuro que el daño que provoquen se haga pasajero; como yo. Yo que me veo obligado a comprar pasajes eventualmente para sentir la crudeza con la que mis órganos se petrifican cuando tus labios rozan los míos. Aquella maravillosa frialdad con la que mi mente debe hacerse para valorar la belleza de dos cuerpos que sin miedo se rozan, que sin pudor ni algodones entre ellos, no hacen más que transmitirse magnetismo por cada poro que los componen. 
Para luego llegar a la mente humana, frente a su reflejo hecho palabras, esa impotente sensación de saber que ni el más rebuscado vocablo del diccionario le presta su ayuda. Ni ese libro que se sostiene puede contener una palabra lo suficientemente magnificente como para que se adecue a la descripción de sensaciones tan intensas para el humano que las alberga. Se imposibilita su descripción. Sólo se deja sentir.